Los 11 Mitos sobre el Covid-19 para modificar la percepción a escala mundial.

A continuación se exponen los 11 mitos que se han divulgado durante la Pandemia de COVID19 para manipular la percepción ciudadana, y exponemos los hechos y datos que desmientes estos mitos sobre el Coronavirus y las medidas aplicadas.

Aportamos imágenes de cada mito para compartir facilmente en redes sociales y una infografia completa al final.

Índice:

  1. TEST PCR.
  2. LETALIDAD DEL VIRUS
  3. LA VERSIÓN OFICIAL
  4. VACUNAS
  5. MEDIOS DE COMUNICACIÓN CON CONFLICTOS DE INTERESES.
  6. TRATAMIENTOS COVID19.
  7. LA OMS.
  8. REDES SOCIALES.
  9. ¿DEMOCRACIA REAL?
  10. INTERESES DE LOS POLÍTICOS
  11. MEDIDAS Y TERMINOLOGÍA

1º: TEST PCR

1º MITO: El test PCR tiene un 90% de fiabilidad para detectar el SARS-COV2.

HECHOS:

Conclusión:

La prueba PCR no es fiable, no es específica, y da positivo hasta en frutas. No puede ser utilizada para indicar el número de infectados, y menos aún para determinar si alguien puede contagiar. Cualquiera puede dar positivo.


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2º: LETALIDAD DEL VIRUS

MITO: El COVID-19 es extremadamente letal, y por eso los medios de comunicación transmiten tanto miedo y alerta.

HECHOS:

  • Es un virus que tiene una mortalidad del 0.26% al 0.6%, como el de una gripe fuerte y muy lejos del 3.4% que inicialmente estimaba la OMS, incluso después de incluir todas las gripes, neumonías y cualquier otra enfermedad respiratoria como COVID19.
  • La enfermedad COVID19 se le han asignado los fallecidos “con” Sars-Cov2, y no “por” Sars-Cov2. Es decir, que una persona que muere de infarto súbito, si da positivo en PCR, se catalogaba como COVID19. Aunque la causa no fuese el virus sino el infarto.
  • Forenses de Alemania, Gran Bretaña y Bulgaria no encuentran en autopsias que los muertos de COVID19 hayan fallecido por un virus “asesino”. Concluyen que han fallecido por otras dolencias que padecían previamente u otras causas al virus.

Conclusión: Aun inflando las cifras al incluir otras patologías como COVID19, los datos muestran que el COVID19 no es una enfermedad mucho más grave que una gripe fuerte, y forenses confirman que el virus no es la causa principal de las muertes.


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3º: LA VERSIÓN OFICIAL

MITO: Todos los médicos, virólogos e inmunólogos están de acuerdo con la versión oficial que transmiten gobiernos, la OMS y los medios de comunicación.

HECHOS:

Conclusión: Sanitarios de múltiples países del mundo han tenido que unirse para transmitir información fundamental debido a la falta de transparencia de instituciones internacionales, gobiernos, y censura de medios de comunicación.


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4º: VACUNAS

MITO: Las vacunas aunque se hagan rápido y saltándose protocolos, serán seguras.

HECHOS:

Conclusión: Ingredientes tóxicos no pueden generar vacunas seguras.


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5º: MEDIOS DE COMUNICACIÓN CON CONFLICTOS DE INTERESES

MITO: Si hubiese una cura o tratamiento eficaz para el COVID19, los medios de comunicación nos lo transmitirían inmediatamente.

  • Los periodistas asalariados publican lo que les indica su Editor en jefe, les muestra los temas y las tendencias a destacar, y cuales censurar por activa o por pasiva. Manipulan o atacan narrativas con las que tengan un conflicto de intereses.
  • Los periodistas asalariados son el eslabón final de los grupos de presión y accionistas que poseen el periódico, radio o televisión.
  • Los periodistas asalariados no pueden crear un conflicto de intereses entre la salud de la población y las multinacionales farmacéutico-sanitarias, publicando la existencia de un tratamiento efectivo y barato que arruine el negocio de las vacunas.

Conclusión: A los medios de comunicación actuales no les interesan ciudadanos bien informados, con criterio y con pensamiento crítico. Por ello censuran mucha información clave, manipulan, agitan las emociones e ideologías, e incluso atacan a aquellos que amenazan sus intereses.


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6º: TRATAMIENTOS COVID19

MITO: El COVID-19 no tiene tratamiento efectivo. La única opción es desarrollar una vacuna.

HECHOS:

Conclusión: No es precisa una vacuna ni alertas sanitarias o medidas extremas si ya existen múltiples tratamientos efectivos contra el COVID19.


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7º: Sobre la OMS.

MITO: La Organización Mundial de la Salud es una entidad ética e independiente ya que es financiada en su mayor parte por países y no por la industria farmacéutica y privada.

HECHOS:

Conclusión: La OMS se ha alejado de su propósito inicial, y se ha convertido en una agencia con una enorme influencia en las políticas de salud mundial al servicio de la Industria privada.
Incluso después de gravísimos escándalos en los últimos años, no ha cambiado nada y sigue teniendo grandes conflictos de intereses.


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8º: REDES SOCIALES.

MITO: Las redes sociales censuran para proteger a los ciudadanos de “bulos”.

HECHOS:

Conclusión: Los Nazis quemaban libros. Ahora son las grandes tecnológicas las que queman bits, en forma de valores de audiencia real, videos y artículos, todo ello de manera intencionada eliminando la libertad de expresión.


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9º: ¿DEMOCRACIA REAL?

MITO: Vives en una democracia, y los ciudadanos pueden controlar a los políticos cuando vulneran la ley, la constitución o si aplican leyes tiránicas.

HECHOS:

  • NO hay separación de poderes, solo de funciones. El Ejecutivo controla al Legislativo.
  • NO tienes acceso a elegir al máximo órgano del poder judicial, el Tribunal Supremo, ya que el gobierno Ejecutivo controlando el Legislativo nombra a dicho Tribunal.
  • NO eliges a tus dirigentes. Los nombra el jefe de cada partido.
  • NO existe ni un solo mecanismo en el que los ciudadanos puedan controlar o destituir a sus políticos incluso cuando aplican leyes tiránicas.

Conclusión: Vives en una oligarquía de partidos con un modelo de estado en la que aun votando cada 4 años, el pueblo no tiene mecanismos de control sobre los políticos. Al no haber separación de poderes, fácilmente pueden llevarte a un estado totalitario.


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10º: INTERESES DE LOS POLÍTICOS

MITO: El objetivo real del “conjunto de los políticos”, es proteger la salud de toda la población frente al Covid19, y sus repercusiones sobre la economía.

HECHOS:

Conclusión: Los políticos no trabajan primeramente para proteger a los ciudadanos en el modelo de Estado actual. Por ello muchas medidas aplicadas son acientíficas y son incoherentes a la lógica sanitaria.

Sin embargo, desde una lógica de incremento del control, subversión y recorte de derechos y libertades de los ciudadanos frente al estado, las medidas vendidas como “sanitarias” son totalmente lógicas para conducir a al país hacia un modelo totalitario.


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11º: MEDIDAS Y TERMINOLOGÍA

MITO A: Las mascarillas en personas sanas son necesarias y no producen efectos nocivos.

MITO B: Los confinamientos salvan más vidas de las que perjudican sus efectos derivados.

MITO C: Las personas sanas, si dan positivo a una prueba PCR, dejan de ser sanas, son enfermos asintomáticos.

HECHOS:

  • A: Las mascarillas producen hipoxia e hipercapnia. Obligar a su uso a personas sanas es un crimen contra los derechos humanos y es peligroso. Obligar a que respiren su propio CO2 perjudica su sistema inmunitario. Y además no les protege de coger el virus.
  • B: Premios nobel en Química como Michael Levitt, Inmunólogos como la Dra. Dolores Cahill (Irlanda) o el Dr. Erickson (USA) han comunicado como confinar personas sanas genera más mortalidad que las que pretende prevenir.
  • C: El término enfermo asintomático es un oxímoron. No existe. Si es asintomático, no puede ser una persona enferma. La definición de enfermo incluye que ha de presentar síntomas. Sino es una persona sana de toda la vida.

Conclusiones: Las medidas aplicadas ofrecidas como respuesta sanitaria, son medidas desproporcionadas, muchas de ellas peores que la enfermedad, y que perjudican la salud de la población. Todo ello solo es posible que sea aceptado por la población si los ciudadanos están con miedo, incertidumbre y expuestos a información manipulada constantemente.


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12 expertos cuestionan el pánico del coronavirus

A continuación se muestra nuestra lista de doce expertos médicos cuyas opiniones sobre el brote de Coronavirus contradicen las narrativas oficiales de los gobiernos y los memes que prevalecen en las redes sociales.

* * *

El Dr. Sucharit Bhakdi es especialista en microbiología. Fue profesor en la Universidad Johannes Gutenberg en Mainz y director del Instituto de Microbiología e Higiene Médica y uno de los científicos de investigación más citados en la historia de Alemania.

Lo que dice:

Tememos que 1 millón de infecciones con el nuevo virus provoquen 30 muertes por día durante los próximos 100 días. Pero no nos damos cuenta de que 20, 30, 40 o 100 pacientes positivos para coronavirus normales ya mueren todos los días.

[Las medidas anti-COVID19 del gobierno] son grotescas, absurdas y muy peligrosas […] La esperanza de vida de millones se está acortando. El impacto horrible en la economía mundial amenaza la existencia de innumerables personas. Las consecuencias sobre la atención médica son profundas. Ya se reducen los servicios a pacientes necesitados, se cancelan las operaciones, las prácticas están vacías y el personal del hospital disminuye. Todo esto impactará profundamente en toda nuestra sociedad.

Todas estas medidas están conduciendo a la autodestrucción y al suicidio colectivo basado en nada más que un fantasma.

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Duro informe de Médicos Sin Fronteras sobre las residencias: “Golpeaban las puertas y suplicaban por salir”

La ONG expone las situaciones “inhumanas” que se vivieron en 486 centros durante los primeros meses de pandemia y recoge escalofriantes testimonios de los trabajadores

MSF acompaña a voluntarios de los bomberos en la desinfección de la Residencia Nuestra Señora de las Mercedes de El Royo (Soria).
MSF acompaña a voluntarios de los bomberos en la desinfección de la Residencia Nuestra Señora de las Mercedes de El Royo (Soria).OLMO CALVO / MSF

18MARÍA SOSA TROYAMadrid – 18 AGO 2020 – 04:46 ART

Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte de que el riesgo de que los mayores que viven en residencias se infecten no ha remitido. En un informe publicado este martes recoge su experiencia durante los primeros meses de pandemia en 486 centros, fundamentalmente de seis comunidades autónomas, aunque con intervenciones puntuales hasta en 10. Concluye que los geriátricos, que son centros sociales, no sanitarios, no estaban preparados para la epidemia. Critica que la “descoordinación institucional y la falta de liderazgo” de las Administraciones olvidaron a los mayores: “Falló la efectiva asistencia desde el sistema de salud”. Sostiene que “mantener a los enfermos en espacios cerrados y sin atención médica adecuada multiplicó los contagios, aceleró la mortalidad y produjo situaciones indignas e inhumanas” y critica el “férreo” aislamiento al que se vieron sometidos los residentes. MSF indica además que “el alto índice de mortalidad” en las residencias revela que “buena parte de las dificultades estuvieron ligadas a las deficiencias estructurales, así como a la precariedad laboral y a recortes en el sector”.

El dato oficial no ha sido aún publicado, pero el Ministerio de Sanidad cifraba en un informe interno en unos 19.000 los mayores que murieron por covid durante los primeros meses de la pandemia en centros sociosanitarios. La ONG intervino en estos centros en lo más duro de la crisis. Les dio apoyo en el diseño de protocolos de sectorización (para separar a los contagiados y sus contactos del resto) o el uso de equipos de protección individual, constató que “no se priorizaron las derivaciones hospitalarias” y que los centros “se vieron obligados a dar unos cuidados para los que, a pesar de su buena voluntad, no estaban preparados”. Ximena Di Lollo, responsable de la respuesta en residencias de MSF, apunta que la falta de formación para usar los equipos de protección individual, así como la tardanza y la escasez con que llegaron, fue “una de las grandes fallas” de entonces. La ONG habla de “graves problemas” en el modelo de gestión y coordinación entre las empresas gestoras y las autoridades, lo que derivó en el “abandono” de los mayores y la “desprotección” del personal que los cuidaba y señala que las “bajas laborales no eran sustituidas al ritmo y en ratio adecuados”. El documento recoge además testimonios que reflejan la angustia vivida en los centros más golpeados por la pandemia. Estos son algunos fragmentos:

“No le inyecté la sedación y acabó recuperándose”

Natalia dirige una residencia privada y pequeña. Según recoge el informe, se echa a llorar mientras cuenta su experiencia: “Un día llegó el equipo de cuidados paliativos que enviaban desde sanidad y le pusieron la primera inyección de sedación a una de las residentes que estaba muy grave y no habíamos podido referir al hospital. Antes de irse, dejaron otras dos inyecciones cargadas para que se las pusiera yo en función de unos plazos que me indicaron. Yo miraba las inyecciones y sabía que yo no podría hacer eso, por muy sencillo que dijeran que era. No era por la inyección en sí, sino por lo que significaba. A mí nadie me ha preparado para una situación como esa y mucho menos para que sea yo quien lo haga. Nunca le puse las inyecciones y el caso es que Ana se acabó recuperando y todavía la tenemos aquí con nosotros. Es muy mayor y está muy débil, pero ahí sigue. Hemos tenido otros casos que fueron sedados por el equipo de cuidados paliativos para evitarles el sufrimiento; quizás fueron muchos, ahora ya no lo sabremos. Pero esto de que nos dejaran a nosotros la responsabilidad de hacerlo es algo que nunca hubiera podido superar”.

“Golpeaban las puertas y suplicaban por salir”

Andrés, un jefe de bomberos que dirigió labores de desinfección con MSF, relataba el alivio en los centros cuando les explicaba que las labores de limpieza en paredes, suelos o camas la realizaban ellos: “Pero persistía el miedo a mover a las personas, con todas sus pertenencias, de un lugar a otro, para crear zonas limpias [sin positivos] y sucias [con personas con coronavirus]. Preferían muchas veces que los mayores, mientras no hubiese resultados fiables de las pruebas, quedasen encerrados en sus habitaciones, en lugar de reagruparlos en zonas, por miedo a perder el control y que todo el edificio se viese así contaminado. El resultado era espantoso: una sucesión de puertas cerradas, en ocasiones con llave, y personas golpeando y suplicando por salir. Un horror”.

Un hombre espera en el exterior de su habitación, en la residencia Nuestra Señora de las Mercedes, en El Royo (Soria), mientras los bomberos trabajan en su desinfección.
Un hombre espera en el exterior de su habitación, en la residencia Nuestra Señora de las Mercedes, en El Royo (Soria), mientras los bomberos trabajan en su desinfección.OLMO CALVO / MSF

Una residente aislada en la habitación “dejó de comer y se murió”

Carmen, directora de una pequeña residencia familiar, explica sobre el confinamiento en los cuartos: “Enseguida vimos que había residentes que no iban a poder soportarlo. Eugenia, por ejemplo, dejó de comer y de moverse; se pasaba las horas mirando por la ventana. Había otros residentes que se quejaban y trataban de salir de los cuartos, y la verdad es que ha sido muy doloroso tener que mantenerlos encerrados. En el caso de Eugenia, yo tenía miedo de que se dejase morir y empecé a sacarla cada día un rato, para ver si recuperaba las ganas. Y empezó a comer, empezó a ir a mejor, hasta que un día vinieron los de atención primaria justo cuando la teníamos fuera, y me dijeron que era una inconsciente y estaba poniendo en peligro a todo el mundo. No me quedó otro remedio que devolverla a la habitación; me hicieron sentir muy mal. Ella dejó de comer otra vez y a los pocos días se murió. Yo no digo que no se fuese a morir igualmente, pero tengo claro que no quiso pasar por esto. Cuando volvió el equipo de primaria y les dije que se había muerto por encerrarla de nuevo, me dijeron: ‘No nos digas eso’. Se quedaron bastante tocados. Nos ha pasado a todos lo mismo. Nos entró tanto miedo con el virus que no hemos pensado en otra cosa que en aislar al máximo, sin pensar en lo que esto significaba para ellos”.

“La ambulancia no venía y fallecían”

Luisa, trabajadora social de una residencia a la que MSF visitó en cuatro ocasiones: “Llamabas al hospital de referencia y te decían: ‘Lo siento, hoy solo podemos admitir a una persona de residencias, elijan ustedes’. Aun así, la ambulancia no venía a recogerla y fallecían en las pocas horas o días”.

“Llevo dos días empalmando turno, ya no puedo más”

Magdalena es enfermera y es la responsable de una pequeña residencia rural: “Llevo dos días empalmando turno, porque no hay nadie más que pueda atender a los residentes que no me dejan enviar al hospital, y ya no puedo más. Ayer se murió uno y esta noche se morirá otro si no me quedo, pero tengo que descansar para poder seguir gestionando todo esto: la mitad de la plantilla está de baja, los familiares llaman sin descanso y hay un montón de protocolos por implementar. Aquí es muy difícil contratar personal sanitario, nadie quiere venir a trabajar a un sitio tan apartado. Conseguí que me echara una mano otra amiga enfermera, pero el hospital ha reclamado a todos los que estaban en las bolsas de trabajo y me he vuelto a quedar sola. El alcalde está buscando, pero ya te digo que solo encontrará gente y voluntarios para temas de limpieza, nada para los cuidados sanitarios. Yo he llamado a toda la provincia. En el hospital han montado un equipo covid para las residencias, pero son tres personas y por aquí no han pasado. Tampoco creo que vayan a hacer gran cosa; imagino que, como en esta residencia, se van a encontrar muchos casos y no van a prescribir derivaciones, pero al menos me podrían guiar con los tratamientos y procedimientos. Me quedaré esta noche, cómo no, y las que hagan falta. Al fin y al cabo, soy enfermera, esto es vocacional, y más aún cuando trabajas con gente mayor. Pero aquí sola no puedo hacer mucho. Aunque me quede, se seguirán muriendo”.

“Un monstruo aún peor”: se está propagando otra pandemia, y no es el coronavirus

Comienza con una fiebre ligera y malestar general; después, una tos dolorosa y dificultad para respirar. Las multitudes favorecen el contagio y lo propagan en las personas cercanas. Contener un brote requiere de rastreo de contactos, así como aislamiento y tratamiento de la enfermedad durante semanas o meses.

Esta enfermedad traicionera ha llegado a todos los rincones del planeta. Es la tuberculosis, la enfermedad infecciosa más mortal del mundo, la cual cobra la vida de 1,5 millones de personas anualmente.

Hasta este año, la tuberculosis y sus aliados mortales, el VIH y el paludismo, estaban ausentes. La cantidad total de víctimas de cada enfermedad a lo largo de la década anterior estuvo en su punto más bajo en 2018, el último año del que se tienen registros disponibles.

Pero ahora, a medida que la pandemia del coronavirus se propaga por el mundo, consumiendo los recursos mundiales en materia de salud, estos adversarios continuamente olvidados están de regreso.

El COVID-19 amenaza con arruinar todos nuestros esfuerzos y devolvernos al punto en el que estábamos hace 20 años”, afirmó Pedro L. Alonso, director del Programa Mundial sobre Paludismo de la Organización Mundial de la Salud.

No es solo que el coronavirus haya hecho que los científicos desviaran su atención de la tuberculosis, el VIH y el paludismo. Los confinamientos, en especial en partes de África, Asia y América Latina, han levantado barreras infranqueables para pacientes que deben viajar a fin de conseguir diagnósticos o medicamentos, de acuerdo con entrevistas con más de una veintena de funcionarios de salud pública, médicos y pacientes de todo el mundo.

El temor al coronavirus y el cierre de las clínicas han mantenido alejados a muchos pacientes que luchan contra el VIH, la tuberculosis y el paludismo, mientras que las restricciones a los viajes por aire o por mar han limitado gravemente la entrega de medicamentos en las regiones más afectadas.

Aproximadamente el 80 por ciento de los programas para atender la tuberculosis, el VIH y el paludismo en todo el mundo han reportado interrupciones en los servicios y una de cada cuatro personas que viven con VIH ha reportado problemas para acceder a medicamentos, de acuerdo con ONUSIDA. Las interrupciones o retrasos en el tratamiento podrían provocar resistencia a los medicamentos, algo que ya representa un gran problema en muchos países.Un médico realiza control a pacientes COVID-19 en el Hospital El Cruce de Florencio Varela el 30 de julio de 2020, en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo
Un médico realiza control a pacientes COVID-19 en el Hospital El Cruce de Florencio Varela el 30 de julio de 2020, en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

En India, donde se encuentra aproximadamente el 27 por ciento de los casos de tuberculosis del mundo, los diagnósticos han caído casi un 75 por ciento desde el inicio de la pandemia. En Rusia, las clínicas de VIH han sido transformadas para hacer pruebas de coronavirus.

La temporada de paludismo ha comenzado en África occidental, donde ocurre el 90 por ciento de los fallecimientos a causa de esta enfermedad en el mundo, pero las estrategias habituales de prevención (distribución de mosquiteros tratados con insecticida y aplicación de pesticidas en aerosol) han sido restringidas a causa de los cierres.

De acuerdo con un cálculo, un cierre de tres meses en distintas partes del mundo y un retorno gradual a la normalidad a lo largo de diez meses podría tener como consecuencia un aumento de 6,3 millones de casos de tuberculosis y 1,4 millones de fallecimientos a causa de esta enfermedad.

Una interrupción de seis meses de la terapia antirretroviral podría derivar en más de 500.000 fallecimientos adicionales por enfermedades relacionadas con el VIH, de acuerdo con la OMS. Otro modelo de la OMS pronosticó que, en el peor de los casos, los fallecimientos a causa del paludismo podrían duplicarse a 770.000 por año.

Muchos expertos en salud pública, algunos al borde del llanto, advirtieron que, de continuar las tendencias actuales, el coronavirus podría retrasar varios años, o incluso décadas, el esmerado progreso en contra de la tuberculosis, el VIH y el paludismo.

El Fondo Mundial, una sociedad pública y privada para el combate de estas enfermedades, calcula que mitigar este daño requerirá al menos 28.500 millones de dólares, una cantidad que es poco probable que se materialice.

Si analizamos la historia, el impacto del coronavirus en los pobres será visible mucho tiempo después del término de la pandemia. Por ejemplo, la crisis socioeconómica en Europa del este a principios de la década de 1990 derivó en los índices más elevados del mundo de un tipo de tuberculosis que era resistente a muchos medicamentos, una distinción dudosa que la región sigue teniendo actualmente.

El punto de inicio de esta terrible cadena de sucesos es la falta de diagnósticos: mientras más prolongado sea el periodo que una persona vive sin un diagnóstico, y más tarde el inicio del tratamiento, hay mayores probabilidades de que la enfermedad infecciosa se propague, enferme a otras personas y les provoque la muerte.

A mayor cantidad de casos sin diagnóstico ni tratamiento, mayores casos habrá el año siguiente y el posterior”, señaló Lucica Ditiu, quien dirige la Alianza Stop TB, un consorcio internacional de 1700 grupos que luchan contra la enfermedad.Un médico camina por un pasillo de un hospital (EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)Un médico camina por un pasillo de un hospital (EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)

La infraestructura construida para diagnosticar el VIH y la tuberculosis ha sido una ayuda para muchos países que están combatiendo el coronavirus. GeneXpert, la herramienta utilizada para detectar material genético de las bacterias de la tuberculosis y del VIH, también pueden amplificar el ácido ribonucleico (ARN) para diagnosticar el coronavirus.

No obstante, ahora muchas clínicas están usando los aparatos únicamente para detectar el coronavirus. Poner el coronavirus como prioridad sobre la tuberculosis es “muy tonto desde el punto de vista de la salud pública”, dijo Ditiu. “En realidad debes ser listo y detectar ambos”.

En un país tras otro, la pandemia ha dado lugar a un fuerte descenso de los diagnósticos de tuberculosis: una reducción del 70 por ciento en Indonesia, del 50 por ciento en Mozambique y Sudáfrica, y el 20 por ciento en China, según la OMS.

A finales de mayo en México, mientras las infecciones por coronavirus aumentaban, los diagnósticos de tuberculosis registrados por el gobierno cayeron a 263 casos de los 1097 registrados en la misma semana del año pasado.

La pandemia también está reduciendo el suministro de pruebas de diagnóstico para estas enfermedades asesinas, conforme las empresas recurren a la fabricación de pruebas más costosas para detectar el coronavirus. Cepheid, el fabricante de pruebas diagnósticas para la tuberculosis con sede en California, ha pasado a hacer pruebas de coronavirus. Las empresas que hacen pruebas de diagnóstico para el paludismo están haciendo lo mismo, de acuerdo con Catharina Boehme, directora ejecutiva de la Fundación para Nuevos Diagnósticos Innovadores.

Las pruebas de coronavirus son mucho más lucrativas, pues tienen un costo de unos 10 dólares, en comparación con los 18 centavos de una prueba rápida de paludismo.

Estas empresas “tienen una gran demanda de pruebas para COVID-19 en este momento”, afirmó Madhukar Pai, director del Centro Internacional McGill para la Tuberculosis en Montreal. “No puedo imaginar que las enfermedades de la pobreza reciban atención en este espacio”.

La pandemia ha obstaculizado la disponibilidad de medicamentos para el VIH, la tuberculosis y el paludismo en todo el mundo al interrumpir las cadenas de suministro, desviar la capacidad de fabricación e imponer barreras físicas para los pacientes que deben viajar a clínicas distantes para recoger los medicamentos.

Esta escasez está obligando a algunos pacientes a racionar sus medicamentos, poniendo en peligro su salud. En Indonesia, la política oficial es proporcionar un mes de suministro de medicamentos a la vez a los pacientes con VIH, pero últimamente ha sido difícil conseguir la terapia antirretroviral fuera de Yakarta.

Las personas con VIH y tuberculosis que suspenden el tratamiento tienen más probabilidades de enfermarse a corto plazo. A largo plazo, hay una consecuencia aún más preocupante: un aumento de las formas de resistencia a los medicamentos de estas enfermedades. La tuberculosis que ya es resistente a los medicamentos es una amenaza tan grande que se vigila a los pacientes muy de cerca durante el tratamiento, una práctica que en su mayoría ha sido suspendida durante la pandemia.

De acuerdo con la OMS, al menos 121 países han notificado una reducción en la cantidad de pacientes con tuberculosis que acuden a las clínicas desde que comenzó la pandemia, lo que pone en peligro los logros alcanzados con tanto esfuerzo.

“Esto es realmente difícil de procesar”, dijo Ditiu. “Se requirió de mucho trabajo para llegar a donde estamos. No estábamos en la cima de la montaña, pero estábamos lejos del pie, entonces vino una avalancha y nos lanzó de nuevo hasta abajo”.Una fábrica de barbijos en Vietnam (REUTERS/Kham)Una fábrica de barbijos en Vietnam (REUTERS/Kham)

En muchos lugares, los cierres se impusieron con tal rapidez que las existencias de medicamentos se agotaron rápidamente.

Incluso si los gobiernos estuvieran preparados, con un poco de ayuda de los grandes organismos de asistencia humanitaria, para comprar medicamentos con meses de antelación, el suministro mundial podría agotarse pronto.

“La interrupción de las cadenas de suministro es algo que realmente me preocupa… en el caso del VIH, la tuberculosis y el paludismo”, dijo Carlos del Río, presidente del consejo científico asesor del Plan Presidencial de Emergencia para el Alivio del SIDA.

La exageración acerca de la cloroquina como posible tratamiento para el coronavirus ha llevado al acaparamiento del medicamento en algunos países como Birmania y ha agotado sus reservas mundiales.

Dependemos mucho de unos cuantos desarrolladores o fabricantes clave para todos los medicamentos del mundo, y eso debe diversificarse”, señaló Meg Doherty, quien dirige programas de VIH en la OMS. “Si hubiera más depósitos de medicamentos desarrollados localmente o fabricantes farmacéuticos, estarían más cerca del punto de necesidad”.

Las organizaciones de asistencia humanitaria y los gobiernos están tratando de mitigar algunos de los daños mediante la extensión de suministros y el almacenamiento de medicamentos. En junio, la OMS modificó su recomendación para el tratamiento de la tuberculosis resistente a los medicamentos. En lugar de 20 meses de inyecciones, los pacientes ahora pueden tomar pastillas de nueve a once meses. El cambio significa que los pacientes no tienen que trasladarse a las clínicas, que cada vez están menos disponibles a causa de los cierres.

En algunos países, como Sudáfrica, la mayoría de los pacientes ya recogen los medicamentos en centros comunitarios en lugar de hospitales, aseguró Salim S. Abdool Karim, experto en salud mundial en Sudáfrica y presidente de un comité asesor del gobierno sobre COVID-19. “Esa ha sido una ventaja importante en cierto modo”.

c.2020 The New York Times Company

Medico clarisimo con la periodista, audio Imperdible!

Un medio masivo rompe por fin el silencio, Doctora Prego

¡Vacunemos al rebaño!

Los nuevos pastores del rebaño humano procederán en breve a «vacunar» a todos sus miembros una vez han comprobado la docilidad con la que han admitido estar enfermos o en peligro de estarlo, ser confinados y llevar bozales. Y es que al igual que se hace cuando se lleva a los borregos al matadero van confiados y hasta alegres porque quienes les llevan hasta él son los mismos que durante años les han alimentado y cuidado. ¿Por qué iba pues alguno a desconfiar? No tienen motivos. Además nunca han pensado por sí mismos; para eso están los pastores. Solo tienen que ser mansos, comportarse como se espera de ellos, comer mucho, disfrutar, juguetear y a cambio permitir solo que de vez en cuando se les esquilme o se les lleve a lugares reservados para los elegidos por ser mejores que los demás. De hecho nunca han visto ningún motivo de preocupación o desconfianza. Es más, ninguno de los que alguna vez salió del rebaño y volvió se quejó de nada a sus compañeros. Es verdad que algunos no volvieron nunca pero quizás se hubiesen ido a otro rebaño en el que seguramente estarán igual de encantados. ¡Qué maravilla de vida sin preocupaciones, sin agobios, sin temores! Así que ¿por qué algún borrego va a tener que desconfiar de los pastores? Es todo idílico y si alguien piensa lo contrario -suponiendo que algún borrego piense- es un «negacionista» de la verdad o un «conspiranoico». ¿Cómo no van a aceptar lo que se les dicte? ¡Los pastores todo lo hacen por su bien! Así que estos, sabedores de ello, ya han tomado su decisión: ¡No hace falta esperar más, vacunemos al rebaño! ¿Cuándo? A final de año. Cuando las infecciones habituales del otoño/invierno puedan dar positivo masivamente a millones de test RT-PC que puedan achacarse al SARS-CoV-2. ¿Que las vacunas exigen varios años para testar su seguridad y eficacia? No importa. Todos quienes las fabrican y autorizan saben que en realidad no previenen nada y que son peligrosas como demuestran numerosos trabajos científicos y -lo que ya es el colmo de la caradura- ¡sus propios prospectos! Además las grandes multinacionales ya lograron en Estados Unidos hace varias décadas que ni los fabricantes de vacunas ni quienes la comercializan -salvo defecto de fabricación- ni los médicos que las recetan o los sanitarios que las inoculan tengan que asumir responsabilidades penales por los efectos adversos que provocan. ¡Gozan de inmunidad si llevan a quienes las usan a enfermar o incluso a la muerte! Y en el resto del mundo pasa otro tanto porque ningún juez o magistrado está dispuesto a admitir la relación directa entre vacuna y daño o muerte. De hecho los miles de juicios que ha habido en todo el mundo demuestran que ¡todo es pura casualidad!, que no hay una clara «causalidad». ¿Que su hijo estaba completamente sano y ha enfermado gravemente o muerto a las pocas horas de ponerle una vacuna? ¡Eso no demuestra nada! Es una mera coincidencia desafortunada en el tiempo. Lo afirman los abogados de los fabricantes y lo llevan asumiendo así en sus sentencias desde hace décadas infinidad de jueces de todos los países. Así que, ¿para qué hace falta esperar unos años? ¡Vacunemos ya al rebaño! En todo caso y para cubrirnos en salud digamos que es una emergencia mundial que requiere medidas drásticas urgentes -aunque sea una absoluta falsedad- y hagamos que se cambien las leyes para que la aprobación sea inmediata. Eso sí, haciendo que en todo el mundo y no solo en Estados Unidos los fabricantes no seamos luego responsables ni de su ineficacia ni de los daños que provoque. Solo hay que vender la idea a la sociedad diciendo que la actual situación de alarma mundial exige «normas más flexibles». Esperpéntico y dramático.

FUENTE

LIBERTAD Y SALUD. ¡ NO AL BOZAL !

Coronavirus: por qué nos equivocamos tanto

El inmunólogo suizo Beda Stadler enumeró los errores que se cometieron desde el inicio de la pandemia. En una entrevista con La Prensa habló de la responsabilidad de los epidemiólogos y de los medios de comunicación en la creación del pánico.

  • “Podría abofetearme a mí mismo porque miré al Sars-CoV-2 demasiado tiempo con pánico”, confiesa el inmunólogo suizo Beda Stadler.

“Aquellas personas jóvenes y sanas que actualmente caminan con un barbijo en sus caras estarían mejor si en cambio usan un casco, porque el riesgo de que les caiga algo en sus cabezas es mayor que el de contraer un caso grave de covid-19”, aconseja el profesor y doctor Beda M. Stadler, ex director del Instituto Universitario de Inmunología del Hospital Insel, en Berna, Suiza, y profesor emérito de Inmunología de la Universidad de Berna.

En su columna publicada en la revista Weltwoche el 10 de junio último, bajo el título “¿Por qué todos estaban equivocados?”, el especialista en inmunología analiza con tono provocativo las principales y completamente erróneas declaraciones públicas que se hicieron sobre el coronavirus.

“El virus se ha ido por ahora. Probablemente vuelva en invierno, pero no será una ‘segunda ola’, sino solo un resfrío”, vaticina el experto al describir la situación actual en Suiza.

El inmunólogo recomienda la lectura de los últimos trabajos del investigador John P. A. Ioannidis en los que se destaca que, a nivel mundial, las personas menores de 65 años conforman solo entre el 0,6% y 2,6% de los casos fatales de covid y que para controlar la pandemia es necesaria una estrategia que solo se concentre en la protección de las personas de riesgo mayores de 65, lo cual hace impensada una segunda cuarentena.

“Podría abofetearme a mí mismo porque miré al Sars-CoV-2 demasiado tiempo con pánico. También estoy un poco molesto con muchos de mis colegas de inmunología que hasta ahora han dejado la discusión sobre el covid-19 a virólogos y epidemiólogos”, escribe en el artículo en el que enumera las principales equivocaciones: “En primer lugar, fue un error aclamar que este virus era nuevo. En segundo lugar, fue todavía más equivocado decir que la población no tendría ya algún tipo de inmunidad frente al virus. Y, en tercer lugar, fue la coronación de la estupidez afirmar que alguien podría tener covid-19 sin ningún síntoma o incluso contagiar la enfermedad aunque no se mostraran síntomas”, resume.

¿VIRUS NUEVO?­

Al analizar qué tan novedoso era el Sars-CoV-2, Stadler razona: “Cuando se identificó la secuencia genética del virus y se le dio un nombre similar al Sars identificado en 2002, es decir Sars-Cov-2, ya deberíamos habernos preguntado a nosotros mismos cuán relacionado está este virus con otros coronavirus que pueden enfermar a los seres humanos”.
“Ahora que estamos hablando de desarrollar una vacuna contra el virus, de pronto vemos estudios que muestran que este ‘nuevo’ virus está fuertemente relacionado con el Sars-1 y con otros beta-coronavirus que nos hacen sufrir cada año en forma de resfríos”, prosigue para luego concluir: “Por lo tanto, el Sars-Cov-2 no es para nada nuevo, sino simplemente un virus del resfrío estacional que mutó y que desaparece en el verano, tal como ocurre con todos los virus del resfrío, que es lo que estamos observando a nivel global”.

FALTA DE INMUNIDAD­

“Desde la Organización Mundial de la Salud hasta los virólogos de Facebook, todos afirmaron que este virus es particularmente peligroso porque no existía inmunidad contra él, al tratarse de un virus nuevo”, recuerda el inmunólogo, quien admite que en un primer momento él también creyó en esto hasta que advirtió que el primer test comercial de anticuerpos disponible para Sars-CoV-2 se desarrolló a partir de un viejo test de anticuerpos para detectar Sars-1.
“También se supo que el Sars-CoV-2 tuvo un impacto significativamente menor en áreas de China donde ya había arreciado el Sars-1 previamente. Esta es una clara evidencia que sugiere con urgencia que nuestro sistema inmune considera al Sars-1 y al Sars-CoV-2 al menos parcialmente idénticos y que un virus puede probablemente protegernos del otro”, detalla.

FRACASO DE LOS MODELADORES­

Stadler hace hincapié en que los epidemiólogos también cayeron en el mito de que no existía inmunidad en la población. “Tampoco querían creer que los coronavirus son virus del resfrío estacionales que desaparecerían en verano. De lo contrario sus modelos de curvas se hubieran visto diferentes. Cuando los peores escenarios pronosticados inicialmente no se hicieron realidad, ahora algunos todavía se aferran a modelos que predicen una segunda ola”, escribe el inmunólogo para luego agregar con ironía: “Dejémosles sus esperanzas. Nunca había visto una rama científica que maniobrara tanto fuera de juego”.
En diálogo con La Prensa, Stadler también se refirió a la pérdida de sentido común ante esta pandemia, la importancia de proteger a los grupos de riesgo sin dejarlos encerrados y a la difusión del miedo como estrategia de venta de los medios de comunicación.

– En su columna del 10 de junio usted enumeró una serie de grandes errores que se cometieron desde el comienzo del brote epidémico. ¿Cómo es posible que todo el mundo científico estuviera tan equivocado?

– No se trató del mundo científico por completo. La mayoría de los inmunólogos comparten mi visión, en especial los desarrolladores de vacunas o las compañías que están desarrollando tests de anticuerpos. Gran parte de los científicos no lee fuera de su propio campo, de lo contrario hubieran visto la literatura que me condujo a mis conclusiones. Por ejemplo, el artículo publicado bajo el título “T cells found in Covid-19 patients ‘bode well’ for long-term immunity” en la revista Science, el 14 de mayo último.

– ¿Por qué muchos políticos, profesionales de la salud y la sociedad perdieron el sentido común ante esta pandemia y se dejaron envolver por el miedo?­

– Los humanos tenemos básicamente un cerebro de mono, que funciona según patrones más que por el pensamiento sensato. Para los medios es más fácil obtener clics al difundir el miedo que la ciencia.

– ¿Por qué cree que los epidemiólogos al hacer sus proyecciones estuvieron tanto más interesados en el número de muertes que en el número de personas que podían salvarse?

– La epidemiología siempre fue un campo científico relativamente sin importancia, ya que estábamos acostumbrados a epidemias y pandemias que incluso se han olvidado. Al crear el pánico, muchos epidemiólogos probablemente creyeron que el gobierno los apoyaría con fondos para su investigación.

– ¿Qué opinión le merece la Organización Mundial de la Salud y su actuación frente a este virus?­

– Esta pandemia mostró claramente que cada país y cada región dependían de sí mismos y que la OMS no era de mucha ayuda para la mayoría de ellos.

– Los argentinos hemos soportado más de 100 días de cuarentena. ¿Qué deberían haber sabido los políticos argentinos sobre la eficacia de esta medida? A la luz de las estadísticas, ¿hubiera sido más efectivo proteger solo a los grupos de riesgo?

– Al final de esta pandemia habrá que hacer la misma pregunta en todo el mundo: ¿Alguna de las medidas, como el confinamiento, ha demostrado ser efectiva o habría sido suficiente proteger a las personas vulnerables, al grupo de riesgo?

– ¿Cuáles son las mejores medidas para proteger a los mayores de 65 años y aquellos con enfermedades preexistentes que los hacen más vulnerables frente al virus hasta tanto exista una vacuna?

– Cualquier estrategia que prevenga la infección. Esto significa protegerlos sin ponerlos en una jaula.

– Teniendo en cuenta la similitud del coronavirus con otros virus del resfrío, ¿la potencial vacuna debería indicarse solo para grupos de riesgo?­

– Las vacunaciones siempre deben ser un acto de solidaridad. El problema que podemos encontrar es que, de manera similar a lo que ocurre con la vacuna contra la gripe, la vacuna contra el Sars-CoV-2 podría no ser muy efectiva en personas inmunocomprometidas, como los ancianos.

– ¿Por qué cree que se ha fomentado el uso generalizado del barbijo y el distanciamiento social aunque no exista evidencia contundente sobre la eficacia de estas dos medidas?­

– El distanciamiento social puede haber funcionado, especialmente si se observan los países donde el distanciamiento social es un programa social, como en Japón o Corea. Por otro lado, los barbijos son probablemente un signo de impotencia para crear una impresión de liderazgo. Los Estados Unidos están demostrando actualmente lo inútiles que son los barbijos para combatir el virus.

– El concepto de inmunidad de rebaño vinculado con este virus despertó posiciones encontradas entre científicos. ¿Es posible que la inmunidad de rebaño sea la meta que deberíamos alcanzar? ¿Las cuarentenas obstaculizan de algún modo este proceso natural?­

– La inmunidad de rebaño es lo único que cuenta si uno quiere ganarle a un virus. En muchos países europeos probablemente ya se haya alcanzado la inmunidad parcial de rebaño, ya que la mayoría de las personas tienen una inmunidad básica contra otros virus Corona. Lo descubriremos tan pronto como estén disponibles mejores pruebas de anticuerpos que discriminen entre anticuerpos de reactividad cruzada, neutralizantes y de especificidad amplia.

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